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¡Y QUE MAS DA! Sophie Malone

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  • Titulo: ¡Y QUE MAS DA! Sophie Malone
  • Genero: ,
  • Formato: PDF , Epub
  • Idioma: Español
  • Páginas: 231
  • Publicado: 2017
  • Autor:
  • Visitas: 999
  • Descargas Gratis: 396

Resumen del libro ¡Y QUE MAS DA! Sophie Malone

Después del intento de huida por parte de Álex, supo que tenía que hablar con
ella lo antes posible. Se alegraba de que su padre no se hubiese enterado de lo
sucedido. Confiaba en Bruno y en Boris porque no era la primera vez que
trabajaban juntos. Sabían que ella no les delataría jamás ante su padre y por
eso esperaba lo mismo por parte de ellos. Sentada en la silla de la cocina,
esperaba a que el té se enfriara. Empezó internamente a pensar en cómo
abordar el tema de la confesión y por qué la había secuestrado. Lo cierto era
que no sabía por dónde empezar. Seguramente Álex no le daría ni la más
mínima oportunidad de explicarse por todo el odio que sentía hacía ella,
aunque esperaba con todas sus fuerzas que la entendiera cuando supiera de su
situación. Katya no era buena expresando sus sentimientos y aún más si tenía
que hacerlo delante de la prometida del amor de su vida. Hubiese preferido
que su hermano Greg se encargara de todo este asunto, porque ella ya no sabía
cómo enfocarlo. Estaba totalmente perdida. No quería defraudar a La Familia,
pero tampoco al padre de su hija.
Se encontraba absorta en sus pensamientos cuando alguien le tocó por detrás.
Ella se asustó y golpeándole fuertemente con el codo en las costillas, su
«agresor» cayó al suelo retorciéndose de dolor. Entonces aprovechó para
coger de debajo de la mesa una nueve milímetros, que tenía enganchada con
velcro para situaciones de emergencia, y le apuntó a la cabeza sin vacilar.
Todo pasó en milésimas de segundo y al percatarse de que era Bruno el que
estaba tumbado en el suelo, puso de nuevo el seguro del arma y la dejó sobre
la mesa. Le ayudó a levantarse y lo sentó con cuidado en la mesa.
—¿Tratas siempre así a tus amantes? —preguntó Bruno recuperando el aliento
por el golpe que había recibido.
—¿Y tú sueles asustar así a las chicas con las que te acuestas? —le reprendió
—. Te podía haber matado. Ni se te ocurra volver a hacer ninguna estupidez
como esa —le advirtió.
—Vaya, no conocía esa faceta tuya de matona. Siempre pensé que eras más
bien como una doncella inocente —dijo sorprendido.
—Cuando falleció mi madre —le empezó a explicar —mi padre tomó el
control de todo, incluso de nosotros. No recuerdo ni una mínima muestra de
cariño por parte de él, ni hacía Greg ni hacia mí, en todos estos años. Nos crio

como a soldados —explicaba entristecida—. A los siete años empezaron
nuestras clases de artes marciales y defensa personal. Alternábamos estas con
clases de tiro al blanco. Nos obligó a dejar la escuela, porque decía que ahí
solo se aprendían tonterías, y nos puso un profesor particular. Greg se lo
tomaba como un juego porque le gustaba… yo, en cambio, solo pensaba en
jugar con muñecas. No nos dejaba salir de casa, siempre estábamos
encerrados en ella. Mi padre sólo pensaba en La Familia y quería que
fuésemos como él. —Calló un momento, bebió un poco de su té y prosiguió—:
Una noche me escapé de casa…

La doctora empezó a medir el fémur y con los datos que le había dado antes,
llegó a la conclusión de que para finales de octubre.
—Pero no te fíes mucho de la fecha, porque normalmente los partos de las
primerizas de embarazos múltiples se adelantan. ¿Quieres la primera ecografía
de tus pequeños?
Todas asintieron como locas y sacó una copia para cada una. Luego la doctora
le recetó ácido fólico y le dio una serie de indicaciones para que llevara el
embarazo lo mejor posible.
—Sobre todo, aliméntate bien. Con eso no quiero decir que un día no te comas
una hamburguesa de esas que venden preparadas, pero siempre con
moderación. Has de comer por tres, pero sano. Haz ejercicio todo lo que
puedas, porque tu espalda y tu cuerpo te lo agradecerán. Nada de alcohol ni
cafeína ni bebidas gaseosas y, sobre todo, no cojas peso. Por lo demás, puedes
hacer vida normal.
—¿Y para las náuseas hay algo? —preguntó Álex.
La doctora asintió y le apuntó en un papel el nombre de las pastillas.
—¿Y pueden seguir teniendo relaciones? —curioseó Maya.
La doctora se rio y Álex, junto con Emma, se la quedaron mirando con cara de
asombro.
—Pues claro. El único problema será que, cuanto más engorde, más
problemas tendrá a la hora de coger una postura cómoda para ello, pero por lo
demás, sí. Y no te preocupes, que el sexo en el embarazo es más enriquecedor
—contestó sonriéndoles—. ¿Alguna pregunta más?
Ellas negaron con la cabeza y se despidieron de la doctora. Fueron al
mostrador para pedir cita para otras pruebas relacionadas con el embarazo, y
salieron de ahí felices con la foto de sus pequeños.
—Aún no me puedo creer que vayamos a tener mellizos —comentó Álex
asombrada.
—Pues, para estarlo, tienes poca barriga. Menos mal que hemos acertado con
el vestido —dijo Maya.
—Oye, ¿qué tal si después de la boda organizamos un Baby shower? —
propuso Emma.
—Me apetece muchísimo. Y podríamos hacerlo en el Gotic, si Dylan nos deja
—sonrió Álex.
Mientras paseaban de vuelta a casa, vieron una cadena de comida rápida y
Álex se paró en frente de la puerta. Las dos amigas se la quedaron mirando y

cada una la cogió de un brazo para alejarla de la tentación.
—Ni hablar —dijo Emma—. Si quieres vamos a otro sitio que sirvan comida
más sana.
—¿Y una pequeña hamburguesa? —pidió Álex.
Las dos negaron con la cabeza.
—Sois unas aguafiestas —comentó enfurruñada.
—Llámanos lo que quieras, pero lo hacemos por tu bien y la de nuestros
sobrinos o sobrinas —aclaró Emma.
—Venga, va, si te portas bien luego te compramos un helado de vainilla —la
animó Maya.
—¿Con galletitas y virutas de chocolate blanco? —pidió salivando la futura
madre.
—Tampoco te pases —se rio Maya.
—Niños —dijo tocándose la barriga—, que sepáis que si nacéis con una
mancha en alguna parte de vuestro cuerpo con forma de hamburguesa o
chocolate, es por culpa de vuestras tías, que me están negando la posibilidad
de daros el mayor placer de la mujer: el chocolate y una jugosa hamburguesa
—dijo salivando entre risas.



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