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El hipnotista – Lars Kepler

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Resumen del libro El hipnotista – Lars Kepler

Luego saca su ropa al recibidor, enciende la lámpara del techo y se viste
rápidamente. Una hoja de acero brillante relampaguea a su espalda. Erick se vuelve y
ve que su hijo ha colgado los patines en la manija de la puerta de la calle para no
olvidárselos. Pese a que tiene prisa, va al armario, saca el baúl y busca los protectores
de los patines. Los coloca en las cuchillas afiladas, luego deja los patines sobre la
alfombra del recibidor y sale del apartamento.
Son las tres de la madrugada del martes 8 de diciembre cuando Erik Maria Bark
se sienta en su coche. La nieve cae lentamente del cielo negro. No hace nada de
viento y los pesados copos se posan somnolientos sobre la calle vacía. Gira la llave
en el contacto y la música empieza a sonar en suaves oleadas: Miles Davis, Kind of
blue.
Conduce el breve trayecto por la ciudad dormida, desde la calle Luntmakargatan,
por Sveavägen, hasta Norrtull. El lago de Brunnsviken se adivina como una abertura
grande, negra, tras la nieve que cae. Entra a poca velocidad en el área hospitalaria,
entre el hospital Astrid Lindgren, falto de personal, y la maternidad, pasa por delante
del edificio de radioterapia y psiquiatría, aparca en su plaza habitual, en el exterior de
la clínica de neurocirugía, y sale del coche. El resplandor de las farolas se refleja en
las ventanas del alto complejo. Sólo hay unos pocos coches en el aparcamiento de
visitantes. Los mirlos se mueven con alas crepitantes en la oscuridad que rodea los
árboles. Erik se percata de que a esa hora no se oye el rumor de la autovía.

—No tengas miedo. Tú sólo corre lo más de prisa que puedas.
Benjamin la mira sin entender mientras intenta descifrar su mirada asustada, su
boca temblorosa. Annbritt levanta las tijeras, pero se vuelve hacia Lydia y le corta en
la cara sin mucha fuerza. Benjamin ve a Lydia defenderse de su ataque. Ve a Marek
agarrar su fuerte muñeca, extender el brazo y dislocarle el hombro. Annbritt grita a
causa del dolor. Benjamin ya ha salido de la habitación cuando Lydia coge las tijeras
del suelo, se acerca a ella y se sienta a horcajadas sobre su pecho. Annbritt sacude la
cabeza para eludirla.
Cuando Benjamin pasa por el frío vestíbulo, baja la escalera y se enfrenta al
helado exterior, oye que Annbritt grita y tose.



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