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Contigo en el mundo – Sara Bellarin

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  • Titulo: Contigo en el mundo – Sara Bellarin
  • Genero: ,
  • Formato: PDF , Epub
  • Idioma: Español
  • Páginas: 301
  • Publicado: 2017
  • Autor:
  • Visitas: 8531
  • Descargas Gratis: 473

Resumen del libro Contigo en el mundo – Sara Bellarin

—Bueno, pero eso no es un problema. Estaría nervioso o no sé.
—Ya, pero me pareció tan raro… Y ha sido una noche genial por todo lo
demás, ojo. Jon es muy dulce y muy tierno, aunque tembloroso. Creo que eso
me cortó mucho el rollo.
—Entonces ha sido el rollo de una noche y ya, tampoco le des más vueltas.
—No, me gustaría repetir. —La miré extrañada—. Quiero decir, me ha
dicho que quería volver a verme y a mí me gustaría volver a intentarlo. No sé.
Estoy confusa. Jon es muy majo y fue muy dulce pero…
—Pero ¿qué?
—Que no es Roberto. —Puse los ojos en blanco—. No me mires así, es que
es verdad. Con Roberto todo era electrizante. Y, claro, el pobre Jon ahí
temblando como un conejillo pues…
—Olvida a Roberto, Elsa. No por Jon o por cualquier otro, sino por ti. Sé
que es difícil, que es pronto y que necesitas un tiempo para digerirlo todo,
pero tienes que poner de tu parte. Pasar página. Echa de más a quien no te echa
de menos.
—Lo sé, lo sé. Pongo de mi parte. Por eso ha pasado lo que ha pasado con
Jon y no me cierro a que vaya a más.
—Y eso está muy bien, pero que Jon no sea un parche, Elsa.
—No lo será. —Me guiñó un ojo y yo alcé una ceja—. Cambiando de tema,
¿cómo es que te viniste sola?
—Carlos y Mónica se fueron por un lado a su casa y, aunque Mario me
preguntó si quería que me acompañara, yo decliné su oferta.
—¿Por qué?
—Sé apañármelas sola —dije.
—Eres muy cansina.
—Ya, bueno. ¿Qué tal te cae la minipandi esta que hemos hecho? —pregunté
jocosa.
—Pues Carlos me cae regular; a Mónica la veo un pelín aburrida, pero es
maja; Jon me encanta, aunque le entre el baile de San Vito en medio del coito
—dijo en tono pedante y yo le tiré un cojín—. Y Mario es simpático y como
muy seguro de sí mismo. Creo que le gustas.
—¿Yo? —Abrí mucho los ojos—. ¿Sí? ¿Tú crees? No he notado nada.
—Porque tú no estás pendiente de nada ni de nadie. Pero yo sí y esas cosas
se notan. De todas formas, es un poco raruno así en plan viaje en solitario y
demás.

—Bueno, tuvo un pequeño bajón, pero muy pequeño. Algo muy normal,
Mario, como tendríamos cualquiera. Y después de eso lo aceptó sin más y
sigue adelante.
—Ya, claro. Seguro.
—Que sí, joder.
—Me cuesta creerlo, la verdad. Pero es lo que tiene que me ocultes cosas:
dejo de tomarte en serio.
—¡Oye, vete a la mierda! No estás siendo justo conmigo. ¿Quieres dejar de
tratar a Jon como a un puto bebé? Es un hombre de treinta años, joder. Me da
igual que esté inestable por el tema del accidente, tiene que madurar y
aprender a continuar sin toda la mierda que lleva encima. Y, créeme, no lo
hará mientras le metas en una burbuja. ¿No te das cuenta de que está saliendo
de todo justo ahora que no estás?
—Oh, pues genial. Muchas gracias, Vega. Todos los años que me he pegado
renunciando a todo para cuidar a mi hermano han sido un puto error.
—No quería decir eso, Mario. Quiero decir que es cuando se ha visto solo
cuando ha empezado a madurar. Pero no habría llegado hasta aquí si no llega a
ser por todo lo que tú le has ayudado.
—Ya, ahora arréglalo.
—Mario, no tengo tiempo para esto, de verdad.
—Pues mira, yo tampoco. De hecho, estoy un poco hasta las pelotas de estas
mierdas, ¡joder! Por eso me quería ir, para dejarme de discusiones y de
chorradas que me agobian.
—Pues hala, chato. Que te vaya bien la travesía a Creta. Buenos días.
—A tomar por culo.
Y colgamos. A la vez.
Bien, pues ya habíamos tenido nuestra primera bronca a distancia. Había
que joderse: no nos vemos en meses, hablamos de ciento a viento y encima
reñimos por… ¿por qué? ¡Y yo qué sé! Por Jon, supongo, y por su
animadversión a Elsa, que ya empezaba a cansarme. Jodido Mario, qué puto
mal genio tenía, qué vehemente era y qué harta estaba yo. ¡A mí que me
dejaran tranquila todos ya, coño!
No estaba yo para preocuparme por las mariadas de siempre, la verdad, así
que se me olvidó la discusión y el pensar en si Mario se estaría
reconcomiendo o no. Dos problemas tenía si seguía enfadado, y yo no iba a
lidiar con ninguno de ellos. Así que esa mañana de sábado me dediqué a

limpiar, a poner en práctica lo que estaba aprendiendo en mi curso de cocina,
del cual no hablo por no ponerme más en ridículo, a ensayar con el violín o
tocarlo por el puro placer de tocarlo, sin más. Lo que saliera, sintiendo solo la
música en sí, sin pensar en nada más que en las notas.
Poco antes de cenar, Elsa me llamó por teléfono.



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