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Como Descargar, Ciudades de papel – John Green en PDF y Epub Gratis

Ciudades de papel – John Green


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Información
  • Titulo: Ciudades de papel – John Green
  • Genero: ,
  • Formato: PDF , Epub
  • Idioma: Español
  • Páginas: 229
  • Publicado: 2008
  • Autor:
  • Visitas: 8888
  • Descargas Gratis: 491
Resumen del libro Ciudades de papel – John Green

Me duché, me lavé los dientes y me puse unos vaqueros oscuros y una camiseta
negra. Me metí el trozo de papel de periódico en el bolsillo. Coloqué los clavos en las
bisagras y preparé la mochila. La verdad es que no sabía qué meter, pero incluí el
destornillador para abrir puertas, una copia del plano, indicaciones para llegar, una
botella de agua y el libro de Whitman, por si estaba allí. Quería hacerle algunas
preguntas.
Ben y Radar aparecieron a las ocho en punto. Me senté en el asiento de atrás. Iban
cantando a gritos una canción de los Mountain Goats.
Ben se giró y me tendió el puño. Le di un puñetazo suave, aunque odiaba esa
forma de saludar.
—¡Q! —gritó por encima de la música—. ¿Qué te parece?
Supe exactamente lo que quería decir. Se refería a escuchar a los Mountain Goats
con tus amigos en un coche, la mañana de un miércoles de mayo, en busca de Margo
y del margotástico premio que supusiera encontrarla.
—Nada que ver con cálculo —le contesté.
La música estaba demasiado alta para hablar. En cuanto salimos de Jefferson
Park, bajamos la única ventanilla que funcionaba para que el mundo supiera que
teníamos buen gusto musical.
Avanzamos por la Colonial Drive y dejamos atrás los cines y las librerías por las
que había pasado toda mi vida. Pero esa vez era diferente y mejor, porque era a la
hora de cálculo, porque estaba con Ben y con Radar y porque íbamos de camino
hacia el lugar en el que creía que encontraría a Margo. Y al final, después de treinta
kilómetros, Orlando dio paso a los últimos campos de naranjos y a ranchos no
urbanizados: la interminable llanura toda cubierta de matorrales, el musgo negro
colgando de las ramas de los robles, inmóvil en la cálida mañana sin viento. Era la
Florida en la que había pasado noches acribillado por los mosquitos y cazando
armadillos cuando era boy scout. La carretera iba llena de furgonetas, y cada dos
kilómetros, más o menos, se veía una salida de la autopista: pequeñas calles que
serpenteaban caprichosamente alrededor de casas surgidas de la nada, como un
volcán cubierto de plástico.
Algo más adelante pasamos por una señal de madera roída que decía GROVEPOINT
ACRES. Una carretera con el asfalto agrietado de menos de cien metros iba a parar a
una gran extensión de tierra gris que señalaba que Grovepoint Acres era lo que mi
madre llamaba una pseudovisión, una urbanización abandonada antes de haberla
terminado. Mis padres me habían señalado pseudovisiones un par de veces yendo con
ellos en coche, pero nunca había visto ninguna tan desolada.

Entonces Ben entró en el chat GRITANDO que ya se había duchado, que estaba
desnudo y que solo le faltaba ponerse la toga y el birrete. Hablamos todos un buen
rato sobre nuestra graduación desnudos. Cuando ya todos se habían desconectado
para prepararse, me metí en la ducha, levanté la cabeza para que el agua me cayera
directamente en la cara y mientras el agua me aporreaba empecé a pensar. ¿Nueva
York o California? ¿Chicago o Washington? También podría ir, pensé. Tenía coche,
como ella. Podría ir a los cinco puntos del mapa y, aunque no la encontrara, sería más
divertido que pasarme otro verano abrasador en Orlando. Pero no. Era como colarte
en el SeaWorld. Exige un plan impecable, luego lo llevas a cabo brillantemente, y
luego… nada. Luego es el SeaWorld, solo que más oscuro. Margo me dijo que el
placer no es hacer algo. El placer es planificarlo.
Y en eso pensaba debajo del chorro de la ducha: en el plan. Está sentada en el
centro comercial abandonado con su libreta, haciendo planes. Quizá está planificando
un viaje por carretera y utiliza el mapa para ver las rutas. Lee a Whitman y señala «El
viaje que he emprendido es eterno», porque es lo que le gusta imaginarse, el tipo de
cosas que le gusta planificar.


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